Top

La (nueva) zona roja

Octubre 23, 2008

Han pasado casi cuatro años desde la sanción del nuevo Código de Contravenciones porteño que prohíbe la oferta y demanda de sexo a menos de 200 metros de casas, iglesias, templos y escuelas.

La travesti no quiere dar su nombre ni hablar. Es la primera  en la larga fila de las que se mudaron del Rosedal a la nueva zona roja.  Escasean los clientes y sobran los mirones tocándole bocina desde el auto. Ella, como Cnicienta, les sonríe. No espera a su príncipe azul pero si no pierde el zapatito se le complica saldar el mes que acaba de terminar
“Hay pocos clientes, un cincuenta por ciento menos”. Para ella, una de las más veteranas, los más perjudicados con el cambio son los clientes que andan a pie o en colectivo. En ese sentido, el lugar impuesto por el gobierno porteño resulta inaccesible. La plazoleta Florencio Sánchez está detrás del Hipódromo, muy cerca del Lawn Tennis Club, en pleno bosque. “Ni los tacheros saben venir hasta acá”, dice.
No está de acuerdo con el traslado, pero como las casi 150 travestis que merodean el bosque estuvo en la asamblea informativa organizada por las dirigentes Claudia Pía Baudracco y Marcela Romero, de la Asociación Travestis Transexuales Transgénero Argentinas (Attta). Allí se enteró de que al otro día ha-bía que cambiar de parada. “No quedaba otra, si no agarrábamos este lugar nos mandaban a la Costanera y estoy segura de que a la semana iba aparecer alguna chica ahogada en el río”, reconoce.

Ivana, una señora rubia enfundada en un tapado de piel gris, con un cierto parecido a la vedette Alejandra Pradón. No le gusta la nueva parada.

“Es la peor de todas y yo lo puedo decir porque estuve en Godoy Cruz y en el Rosedal y acá no tenemos ni vereda”,

se queja. Y enseguida enumera los defectos: “Es un mal circuito, las calles son angostas, cuando llueve te llenás de barro y el taxi te cuesta cinco pesos más”.

El negocio

Hace sólo dos días que Héctor abrió su garita de choripanes por la noche y es el único que no tiene quejas. “Una masa, muy buena gente”, dice sobre las travestis, con las que suele tomar mate durante la noche.
Cuenta que recién las conoce, que son muy ubicadas y que hasta les guarda las cosas en su puesto.
“Estoy agradecido -confiesa-. Hago la misma plata que hacía de día y ahora tengo el boliche abierto las 24 horas.” De día atiende su mujer y se-gún él no se inmutó por el cambio: “Es obvio, los dos necesitamos la plata”.
Claro que no todos los que trabajan en el bosque hicieron un buen negocio con el traslado.

A Iván Marino, que maneja una barredora mecánica, por ejemplo, le perjudica el tránsito lento de los autos. “Antes tardaba media hora en pasar, ahora una hora y media”, protesta desde el camión. “Ahora, a este sector le dicen ‘travalandia’ y la policía brilla por su ausencia pese a la promesa de las autoridades”. Aunque nadie parece preocupado por el tema.

Comentarios

¿Algo que decir?





Bottom