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Mi mamá es lesbiana

Dos historias  de este tiempo.
Con apenas dieciséis años y en pleno secundario, Angie Belén la tiene clara y le gusta demostrarlo. Habla de la sexualidad de su mamá con absoluta naturalidad y aclara que, cuando finalmente Claudia se animó a contarle que era lesbiana, no se sorprendió.

¿Cómo fue?
Hace más o menos un mes, mi mamá me llamó por teléfono una mañana y me dijo que necesitaba hablar conmigo. Yo me asusté, pensé que se había muerto alguien. Y ella me dice: “soy bisexual”. Yo le dije “ah, bueno”, y nada más, porque ya lo presentía.
Sus padres se separaron unos años atrás y ella se quedó con la madre, en la ciudad de Lanús. Desde entonces, comenzó a darse cuenta de que a su casa llamaban muchas chicas, “y mi mamá nunca había sido de tener muchas amigas”, explica.

Antes de saber de tu mamá, ¿ya conocías a otras personas homosexuales?
Sí, tengo varias amigas que son bisexuales. Una de ellas se inclina más por las mujeres, y me acuerdo que, cuando se lo conté a mi mamá, parecía que no lo podía creer. Pero ahora resulta que ella también lo es. También tengo amigos gays, algunos que son amigos de mi novio también. Y después están las típicas boludas que para llamar la atención se dan un be-so con otra chica en el boliche. Pero esas no son lesbianas, todos sabemos para qué lo hacen…

¿Y vos qué pensás ahora que sabés que tu mamá es lesbiana?
Si ella es feliz, para mí está bien. No mató a nadie, no hizo nada malo. Sé que hay chicos de mi escuela que si lo supieran no lo entenderían, pero a mí no me importa. Como mamá, no cambió en nada, sigue siendo la misma persona.

¿Conociste a alguna pareja de tu mamá?
No, pero conozco a una chica que sé que a mi mamá le gusta. Me cae muy bien, pero creo que no podría verlas dándose un beso, por ejemplo. Está todo bien, pero no delante mío. Necesito un tiempo para acostumbrarme.

Mi enojo no me lo podía sacar

Ana tiene veinte años y anda de aquí para allá con el carrito de bebé donde viaja su hija de nueve meses. Se enteró de que su mamá era lesbiana cuando tenía ocho, o quizás nueve años, no lo recuerda con precisión. Vivían en una casa grande que tenía quincho, pileta y jardín, en el oeste del Gran Buenos Aires. Ella se levantó tarde y, cuando fue hasta el quincho, la vio a su mamá dándole un beso a su pareja. Ellas no se dieron cuenta de nada.

¿Y qué hiciste?
Corrí hasta mi habitación, di un portazo bien fuerte a ver si alguien lo escuchaba y me encerré. Me quedé ahí hasta que se dieran cuenta de que estaba ofendida por algún motivo. Estuve así todo el día, hasta que mi mamá lo debe haber notado y vino a hablarme.

¿Estabas muy enojada?
Sí, estaba todo mal, me enojé muchísimo con ella porque me lo había escondido un montón de tiempo. Esta chica se quedaba a dormir en casa, pero para mí era una súper amiga, nada más. Lo que me molestó fue que no me hubiera contado la verdad.

¿Y al final lo hablaron?
Sí, esa noche tuvimos una charla y ella me explicó que no me había contado nada porque le resultaba difícil. La entendí, pero mi enojo no me lo podía sacar. Poco después de ese incidente, la mamá de Ana y su novia cortaron la relación. “Ella me dijo que no era culpa mía, pero yo sé que a partir de que yo me enteré no fue una relación fácil para ellas”, dice Ana.

Ahora ya estás más grande…
Sí, y con los años, me di cuenta de que esa chica fue una de las mejores parejas que tuvo mi mamá, la comprendía más y tenía la mejor onda conmigo. No es fácil estar en pareja con una persona que tiene hijos, y en cierto modo una mujer es diferente a un hombre. En el fondo, toda mujer tiene algo de madre, aunque no lo sea, y le es más fácil entender la situación. Ella cuidaba más a mi mamá que cualquier hombre con el que haya estado.

¿Se te fue el enojo, entonces?
Recién ahora -dice Ana, y se ríe-. Cuando mi mamá se separó de esa chica, sus parejas siguientes fueron hombres. Pasó un tiempo largo y recién hace dos años se volvió a enamorar de una mujer.

¿Esta vez te contó?
Más o menos. Una noche que yo le dije a mi mamá que no iba a dormir en casa, ella la llevó a pasar la noche a su novia. Yo al final volví, y cuando llegué vi en la puerta un auto que no era el de mi vieja. Me fui a dormir calladita y al otro día ella se había ido temprano, antes de que yo me despertara. Tiempo después, el perro de la novia de mi mamá la mordió y ella la tuvo que traer a casa vendada. Llegaron a casa y, cuando la vi a su novia, le pregunté a mi mamá: “Ella es torta, ¿no?”. Después, al ver el auto, me di cuenta de todo.

¿Y le preguntaste a tu mamá?
Ella me venía hablando de que había conocido a alguien, pero me lo decía en masculino. Así que le dije: “Entonces esta chica es el novio tuyo del que me estabas contando”. Ahora nos llevamos re bien con la pareja de mi vieja.

¿Le contaste a tus amigos?
Sí, siempre. Incluso cuando era chiquita, en la época en que yo estaba enojada con mi mamá, mis amigas más cercanas lo sabían todo.

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